domingo, 12 de abril de 2015

#yosigosiendodeUPyD


Carta publicada en la sección de opinión del diario Hoy. 12 de abril de 2015.

Ayer fue parte de Asturias y hoy lo han sido algunos de Aragón y mañana puede que haya otros. Lo que parece a ojos de todos es la descomposición de un partido político, de UPyD para ser más exactos, no es más que otro ejemplo de la cíclica historia del ser humano, la poderosa atracción fatal del sillón institucional. 

A nadie ha de sorprender que en un grupo de personas se comporten como eso, como personas, y que sobre un mismo tema tengan opiniones enfrentadas, o que ante un determinado problema planteen soluciones diferentes. Pero no debemos caer en el engaño del humo que se ha creado sobre todo este tema, no hablamos de la dirección y sus decisiones y no hablamos de Rosa Díez, todo eso no es más que el adorno que se le pone al “pastel” para que resulte más apetecible y tragable, ese azúcar en la píldora que os dan que diría Mary Poppins. El “pastel” en nuestro caso, se llama pacto con Ciudadanos y esa ha sido la cuña que se ha insertado en la organización y la que amenaza con partir el tronco magenta. 

La discusión es la siguiente: en el escenario de una profunda crisis económica y de las instituciones, donde la corrupción y el despilfarro son moneda común, en el que los dos viejos y poderosos mastodontes políticos preocupados únicamente de sí mismos, como son el PP y el PSOE, tratan como pueden de mantener su “chiringuito” en pie, en ese escenario, digo, aparecen una nueva serie de partidos que pretenden romper con una inercia que parece llevarnos al abismo. Cada uno de ellos tiene sus propios modos y sus propias normas, y de entre esos partidos aparecen dos, Ciudadanos primero y luego UPyD, que llevan entre sus principios la defensa de la unidad de España, y es precisamente esta similitud la que hace que muchos vean poco “eficiente” que ambas formaciones vayan por caminos separados y no converjan en una sola plataforma (la famosa tercera vía) que suponga una alternativa al bipartidismo. 

Esta corriente de pensamiento, la de la unión y la tercera vía, se hace cada vez más visible con los artículos del ex eurodiputado de UPyD, Sosa Wagner, y las negociaciones que mantuvieron UPyD y Ciudadanos después del verano. También, pero no tan visibles, aumentan los que, viendo el modo de expandir el partido que tiene Ciudadanos, pactando con regionalistas y aceptando entre sus filas concejales electos bajo otras siglas que seguían ejerciendo su labor municipal, piensan que la unión con el partido de Albert Rivera sólo supondría la desaparición “de facto” del proyecto, eminentemente nacional y basado en la igualdad de derechos y deberes de los españoles que representa UPyD. 

Esta pues, es la situación, Maquiavelo entre nosotros, de nuevo la historia que se empeña en dar una vuelta y ponernos en la casilla de salida: ¿Aceptamos una unión que podría “amenazar” a los todopoderosos PP y PSOE aún a sabiendas de que hay tránsfugas entre nosotros? ¿Nos damos de la mano aún asumiendo que posiblemente tengamos que abogar por una fiscalidad especial para Cataluña y seguir “tragando” con los fueros vascos y navarros, ejemplo claro donde los haya de que las desigualdades entre españoles son evidentes? Hacemos esto, ¿o seguimos empeñados en nuestras ideas a pesar de que eso suponga que lo que parecía iba a ser un resultado electoral fantástico no lo sea tanto? ¿Nos mantenemos fieles a los ideales de igualdad, de solidaridad interterritorial, de defesa de lo común, o no? Esta es la cuestión que diría el inglés. 

En esta tesitura en la que nos coloca la historia, yo le tengo que dar un “no” a Maquiavelo, para mí el fin nunca justificará los medios y desde mi posición de Coordinador Territorial de UPyD en Extremadura y ahora como candidato a presidir el Gobierno extremeño, no puedo aceptar que para tratar de hacer sombra a Monago o a Vara, debamos aceptar que una concejala que lo sigue siendo del partido regionalista UPex en Plasencia, llamemos las cosas por su nombre, una tránsfuga de libro, sea nuestra compañera de camino. 

No es bueno que se marchen nuestros compañeros asturianos o aragoneses. La convocatoria de un Congreso Extraordinario para debatir, criticar, evaluar y dilucidar nuestras diferencias, no es el mejor cartel electoral pero seguirá siendo un ejemplo de práctica democrática. Hace unos días escuchaba en una película que “el valor de una persona viene dado por el valor de su palabra dada” y desgraciadamente esto no es lo común entre los partidos viejos y tampoco entre mis antiguos compañeros de partido que tan sólo hace unos meses publicaban en las redes sociales su “aversión” ante la idea de ir con Ciudadanos por ser proyectos diferentes. Entiendo que la naturaleza humana es así y el poder, incluso la mera posibilidad de tenerlo, como el anillo de Tolkien, cambia a las personas de una manera brutal y hace extraños compañeros de camino. 

Es por ello que yo, ante este rio de aguas turbulentas, considero que es necesario que proclame alto y claro cuál es mi postura como Coordinador y candidato, y la de UPyD en Extremadura: nosotros seguimos fieles a nuestro trabajo, a las líneas que nos hemos trazado que van por luchar que todos y cada uno de los extremeños tengan los mismos derechos y deberes entre si y que funcionen en las mismas condiciones de igualdad de oportunidades, fiscales y de derechos que el resto de los españoles. Nosotros no nos vendemos por un sillón. 

En definitiva, yo sigo siendo de UPyD. 


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